Terremotos desde un tren

Esta mañana me subo a un tren con un incidente nuclear pisándome los talones. Acaba de producirse una explosión en el reactor número 1 de la central de Fukushima, en Japón. Es decir, aquí mismo.

Los periódicos, cortesía de Renfe, se extienden por la mesa de mi vagón y no hablan de otra cosa que del terremoto, sus devastadoras consecuencias y sus preocupantes consencuencias. La prensa escrita se ha convertido en la base sólida de conocimiento de una noticia. Pero la catástrofe de Japón está siendo ahora, y, al encender mi teléfono o mi ordenador, tengo la impresión de viajar hasta allí para impregnarme no sólo de datos sino también de emociones, la angustia entre ellos.

Mi cuenta de twitter está muy concurrida. Por ella se pasean sismólogos, expertos en meteorología estadounidenses, medios de comunicación, españoles que viven en Tokio, colegas, servicios diplomáticos buscando a sus nacionales.

Como si estuviera allí. Pero estoy en un tren a más de 12.500 kilómetros. Inundada en información pero impotente. Creo que esta noche rezaré por ellos.

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