Los jóvenes lectores necesitan viejos medios (y viceversa)

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“Los medios tradicionales creen que su trabajo es contarle a la gente lo que debe saber. La gente joven quiere que los medios les cuenten lo que resulta útil conocer, lo que resulta interesante conocer, lo que resulta divertido conocer”

El Reuters Institute ha publicado un valioso trabajo de análisis del comportamiento de las jóvenes audiencias (menores de 35 años) a la hora de consumir y buscar información. El informe constituye un documento revelador cargado de elementos de reflexiones y de algunas de recomendaciones para los medios tradicionales que quieren seguir en la brecha.

Estas son algunas de las enseñanzas de este informe.

¿Cómo se comportan las jóvenes audiencias respecto a la información?

1- Son audiencias “picaflor”, poco leales.

2– Mantienen una aspiración lúdica, encontrar entretenimiento en su vida digital. Esa aspiración la trasladan a la hora de buscar noticias

3 — Les interesan las noticias que conectan SU mundo al mundo en general.

4- No necesitan buscar información porque creen que ya les llegan suficientes noticias a través de sus propios canales: redes sociales, mensajerías, agregadores…

Los jóvenes creen que los medios tradicionales son dignos de confianza, pero a menudo están cargados de noticias pesimistas, predecibles y/o dotadas de algún tipo de sesgo. Una de las razones por las que buscan en redes sociales y agregadores noticias más amenas y edificantes

Los jóvenes tienden a poseer una mirada global ( no nacional) sobre los temas y muestran un gran interés por el arte, la cultura, el activismo, el medio ambiente, LGTBQ+…

Actitud frente a la lectura. Leer es considerado una “pequeña tarea”. Esto explica la popularidad de las nuevas narrativas visuales como Instagram Stories, vídeos cortos o podcasts… lo que no quiere decir que los jóvenes no lean. Los menores de 35 años picotean información durante la semana pero dedican tiempo a leer y ver trabajos largos y de podcast de cierta extensión. Los medios deben identificar esos momentos de consumo pausado.

Existe una desconexión creciente entre la oferta informativa que proponen los medios tradicionales y lo que buscan las jóvenes audiencias. Algunas recomendaciones a los medios:

1 — Una noticia para un público joven está publicada en una web o app fácil de uso, con un lenguaje claro, sostenida por una narrativa interactiva y completada por una recomendación de artículos del interés del joven lector.

2 – Contar historias de la forma en que mejor encajen en los momentos en que los jóvenes están abiertos a las noticias. Esto quiere decir más formatos nativos adaptados para ser leídos, vistos y escuchados en el móvil y en las redes sociales.

3- Incorporar y adaptar estos formativos narrativos a las webs y apps del medio … siempre construidos con el rigor y la autoridad periodística propios de un legacy media.

4- Los medios deben modificar el enfoque de las historias negativas. Los jóvenes no quieren que los medios las escondan pero sí que los enfoques sean inspiradores o proporcionen un patrón para actuar en positivo. Mejor informados, ciudadanos más activos.

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10 años en Twitter, 10 lecciones aprendidas sobre las redes sociales y el periodismo.

Ipad Manifa

En el verano de 2009 abrí una cuenta en Twitter y no imaginé por un momento de qué manera aquella nueva aplicación iba a poner patas arriba mi vida de periodista de televisión. Empezó entonces un camino lleno de oportunidades y desafíos.

48.700 tuits más tarde soy otra periodista. Abandoné la información convencional de televisión, sus crónicas, sus conexiones en directo. No, más bien, transformé sin saberlo toda esa experiencia para adaptarla a un nuevo entorno. La información estaba ahí, resumida, la crónicas en directo también, surgiendo tuit a tuit desde las tripas de la Blackberry, del Iphone, del Ipad. En Twitter, también en Facebook.

Estas son diez lecciones que he aprendido durante todo estos años.

1 — Nuestra resistencia a la formación hace que usemos las redes sociales a un porcentaje ínfimo de su posibilidades, tanto para la narración, la obtención de fuentes o datos así como para la verificación y el negocio periodístico.

2 — El estuche de herramientas de redes sociales para un periodista incluye: periodismo móvil, listas de Twitter, herramientas de verificación y técnicas de escucha y diálogo.

3. El pedestal de los periodista se ha roto. Cubrir un evento en tiempo real desde una red social permite una cercanía con las personas que esperan de ti responsabilidad y rigor mientras les informas en sus teléfonos móviles. El diálogo es permanente: los mensajes de aliento, los datos adicionales, las objeciones, las correcciones, los agradecimientos. No hay pedestal para el periodista. Así se forja la comunidad, en una relación más sencilla y más sana.

4 . Trabajar con contenidos y formatos nativos para redes sociales no es regalar el contenido sino el mejor camino para generar nuevas comunidades de lectores y nuevos entornos de monetización para los medios.

5 . Orden y contexto. Lo hacemos al editar un periódico, una web de noticias, al elaborar una escaleta de un informativo de radio y televisión: ordenar la información y aportar contexto. Si el periodismo tiene futuro en un universo caótico como el de las redes, este es el camino.

6. Qué gran error que la verificación de datos e información quede relegada a medios especializados o a pequeños equipos.

7. El mejor equipo de redes sociales de la historia será aquel que no exista. Eso querrá decir que las labores de este han sido interiorizadas por todos los miembros de la redacción (y del resto de departamentos)

8Contar noticias en redes sociales cuando eres periodista es siempre mejor que opinar sobre ellas.

9. La credibilidad del periodismo es directamente proporcional a la capacidad de los profesionales de no entrar al trapo en todos los debates ideológicos y polarizados impulsados por políticos y partidos en redes sociales.

10Nunca el periodismo ha sido tan necesario ni ha estado tan amenazado por operaciones de desinformación planetarias y sofisticadas. Será difícil estar a la altura de este desafío para las democracias. Vamos a intentarlo, al menos, con todas las armas.

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La revolución de los raritos

Empezaron siendo los raritos de muchas redacciones, ese grupúsculo al que hubo que buscar un hueco a toda prisa entre el resto de secciones para que pusieran enlaces de las noticias en Twitter y Facebook. Muchos eran becarios, los recién llegados, los más jóvenes, los que aún no habían pisado la calle en busca de la noticia. Y sin embargo tenían, y tienen, una gran influencia sobre la difusión de la información, el tráfico y la imagen de marca del medio.

Las redes sociales se han convertido en uno de los factores clave para la narración periodística, la comunicación con el lector, la distribución de contenidos y el diseño del modelo de negocio. Y también un eje de la estrategia para el que es necesario construir un nuevo perfil profesional: el concepto de “community manager” (gestor de comunidades) se ve ampliamente superado en el caso de los medios por una razón primera y esencial: la materia prima es la información, proporcionar información en formatos diferentes (enlaces, narrativas en directo, vídeo social, streaming, contexto, análisis) y en los ritmos que marque la actualidad. Y esto demanda periodistas con oficio, acostumbrados a manejar grandes volúmenes de información, amantes de la última hora y rápidos en la reacción a la noticia. Y también a los más jóvenes, ya instalados en la generación del móvil, aquellos que empiezan ahora y se adaptan con naturalidad a los nuevos formatos. Esta convivencia genera un intercambio de experiencias y opiniones del que todos salimos ganando. Pero eso es sólo una parte de la historia.

Desde que en 2009 empezamos a explorar cómo casaba una red social con la narración periodística la realidad ha superado cualquier expectativa. Las herramientas se han multiplicado y nos obligan a un ejercicio de aprendizaje permanente. La secuencia es esta: conocemos, aprendemos, identificamos un uso para nuestro medio, ensayamos, ejecutamos, rectificamos. Esta es la vida de un periodista en redes sociales: que la silla se mueva constantemente. Y si uno dimite de la tarea de aprender y se queda con lo puesto, la realidad de los nuevos formatos y los nuevos públicos lo dejarán atrás. Porque se trata, antes que nada de seguir cumpliendo con nuestro deber de informar. ¿O es que un chico de 15 años no tiene derecho a ser informado porque no acude al kiosco cada mañana o no escucha la radio cuando va al instituto?

El público, los lectores, los espectadores, los oyentes están aquí, dispuestos a participar en este diálogo permanente y bidireccional que supone la información en la era de los medios. ¿Cómo, a través de qué canales, para hablar de qué, cómo recuperar sus opiniones, cómo transmitirlas? Si vamos a hablar, tenemos que escuchar. Y la escucha tiene que ser profesionalizada. Hablamos mucho de los Trending Topic de Twitter, pero estos son sólo un aperitivo del ejercicio de escucha en las redes, para conocer cuál es el tono de la conversación local, nacional, europea, planetaria. Existen muchas más herramientas que también incorporamos.

Escuchar las redes supone también exponerse a una importante cantidad de ruido e información desordenada y falsa. Aquí nace otra de las tareas importantes para el periodista: filtrar y verificar, algo para lo que necesitamos aprender e implementar herramientas nuevas. Y estas cambian a la velocidad del mundo en que vivimos. No hacer bien este trabajo significa meter la pata, que lo hagas tú y tu medio.

Los datos. Todas las redes sociales importantes han perfeccionado sus analíticas de tal forma que ahora podemos, casi siempre en tiempo real, comprobar cómo reciben nuestros seguidores una noticia: cuánto tiempo permanecen en ella, desde dónde, si son hombres o mujeres, de qué segmentos de edad, en qué horarios. Estos son suficientes datos como para conocer mucho mejor a nuestra comunidad de lectores y mejorar lo que les ofrecemos.

La imagen, soporte esencial para el trabajo en redes sociales. Otro de los ejes esenciales del proceso de aprendizaje Necesitamos identificar el valor informativo de las imágenes, fijas o en movimiento y utilizarlas con criterio. Y producirlas, sí, también producirlas. Formar a los equipos de redes sociales en producción de contenidos audiovisuales y edición de vídeo es la más fructífera y motivadora pasarela para consolidar una estrategia realmente multimedia.

La realidad de las redes sociales es poliédrica y cambiante. Así podríamos resumir las tareas a día de hoy:

– Publicación.

– Programación.

– Producción de formatos nativos para redes.

– Escucha.

– Diálogo.

– Analítica.

– Promoción

– Periodismo en móvil.

– Redacción

– Formación interna

– Formación externa

Formación eterna

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Cómo introducir el vídeo en tu medio y morir en el intento (un poco)

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1- La mala noticia: estás ante el más difícil reto en tu estrategia y existen posibilidades razonables de que fracases estrepitosamente porque no tienes ni idea de lo que debes hacer.

2- La buena noticia es que nadie tiene una idea exacta de lo que tiene que hacer. El comportamiento de los usuarios a la hora de ver (o no) un vídeo en redes o en la web es un fenómeno reciente y cambiante. El fracaso es, por tanto, obligado y sano.

3- Tu mejor profesor en estrategias de vídeo es el usuario, empezando por ti. Examina tus rutinas en este sentido: ¿qué vídeos prefieres por la mañana? ¿te disuaden los que son demasiado largos cuando estás usando tu tarifa de datos? ¿Dónde buscas imágenes cuando hay una noticia de última hora? ¿Qué es lo que te emociona? Aprovecha las estadísticas que proporcionan las redes sociales para analizar las audiencias de otros aunque recuerda que….

4- Tendrás que identificar cuál es el tipo de vídeo que es coherente con el resto de tus contenidos. Copiar es humano y funciona en ocasiones pero tus desvelos deben centrarse en concebir un tipo de producto que sea identificable y de calidad.

5- Otra mala noticia: el profesional de vídeo que necesitas no está en este mundo: tendrás que identificar a quien podrá serlo en el futuro y trabajar con él para adaptarle, adaptaros a una nueva era audiovisual y tejer día a día vuestro ADN.

6- Hay un factor incompatible con el trabajo en vídeo digital o social: la soberbia. Has podido ser el rey del mambo en tu cadena de televisión o haber ganado premios con reportajes alucinantes y morir en un mar de frustración al ver producciones de gran calidad pinchar en tu web o en tus cuentas de Facebook, Twitter, Snapchat o Facebook Live. No es que ahora seas un manta, es que necesitas (como todos) observar el nuevo ecosistema y aplicar tu maestría siguiendo códigos nuevos.

7- Si se arremangan con humildad y entusiasmo los profesionales de televisión y vídeo “convencional” van a divertirse mucho en los medios digitales. Suyo será un cotizado perfil profesional. Y sí, las superproducciones en digital pueden funcionar, a condición de reservarlas para horarios determinados, promocionarlas como se merecen y tratarlas como productos premium porque…

8- ¿De qué vale hacer un vídeo si cuenta lo mismo que el texto? La producción audiovisual ya es bastante cara como para ir tirando el dinero. La mejor inversión para hacer un buen vídeo no está en la billetera, es el tiempo que emplearemos en identificar lo que merece ser contado con imágenes y el mejor soporte para difundirlo.

9- Sin vídeo no hay jefatura. Que de vídeo, actualmente eje de la estrategia de muchas empresas, sólo sepan “los de vídeo” es una disfunción. Las compañías necesitan responsables comprometidos con la estrategia audiovisual y directores editoriales de vídeo capaces de coordinar y supervisar en lo que se produce en todos los formatos y soportes además de trabajar con los departamentos comerciales.

10- Rodéate de jóvenes y aprende de ellos. Para varias generaciones el vídeo es su forma natural de ocio y de comunicación interpersonal. Esos nuevos códigos son una base de trabajo extraordinaria … y una nueva cura de humildad.

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Canas y redes sociales

“¡Señora, está usted en todos lados, apártese que estoy trabajando!” La señora, que se protege de lluvia con un plumas hasta los tobillos y un sombrero de jubilada de Cornualles, soy yo con un Ipad en las manos y un micrófono en la solapa frente a la embajada de Cuba en España el día de la muerte de Fidel Castro. Estoy narrando en directo para la web y las redes sociales de El Mundo las dos concentraciones de distinto signo que tienen lugar frente a la representación diplomática. El indignado es un joven cámara de una cadena de televisión que, a tenor de sus palabras, está un poco harto de que se cruce en su plano la señora de la tablet que debe tener la edad de su madre y está ganando papeletas para ser la versión 3.0 de “la vieja del visillo” .

Cuando me suceden cosas como esta, una escena bastante recurrente sobre todo con agentes de policía (“Señora, tenga cuidado, que por aquí va a pasar mucha gente”) me siento como la abuela rockera de las redes sociales.Doña Ángeles, la genuina abuela rockera, siempre me pareció un personaje muy inspirador. Debió marcarme más de lo que imaginé esa actitud suya de saltarse lo que, por edad, le habría tocado vivir. Me encantaba verla emocionarse con los temas de Ñu, Miguel Ríos o Panzer, canciones que hubieran causado bajas significativas en cualquier residencia de ancianos.

Doña Ángeles era un ejemplo de ilusión por la vida. Tengo otro ejemplo más cercano: mi padre. Fue un eterno estudiante, siempre atento a lo que le permitiría crecer profesionalmente. Pasados los sesenta, ya retirado, se apuntó a clases de informática y se hizo con un ordenador con el que, en seis meses, dominaba el Word y el Excel, escaneaba todo lo que se le ponía por delante y navegaba por Internet como un brazo de mar.

La experiencia de estos últimos cinco años explorando las posibilidades para el periodismo de un teléfono móvil y descubriendo Twitter, Facebook, Instagram (y sus sucesivas actualizaciones) me inclinan a pensar que lo mejor que puedo aportar profesionalmente es esa predisposición a poner patas arriba lo (poco) que conozco del oficio y el entusiasmo por aprender y aprender. Pero no: los años son mi mejor capital profesional para trabajar en redes sociales

Si me resulta fácil identificar una ocasión de directo para Facebook Live y Periscope o bien hacerlos es porque realicé centenares de ellos durante los años en Antena 3 TV, CNN+ y Cuatro, desde Madrid o París. Si las búsquedas en redes son especialmente fructíferas es porque en Antena 3 TV aprendimos a tratar documentalmente las imágenes que nos llegaban de las grandes agencias internacionales e introducir descriptores en la base de datos. Buscar, seleccionar, filtrar, actividades imprescindibles en las redes sociales.

Si puedo condensar en un tuit bastante información es, entre otras razones, porque un paciente José María Carrascal me enseñó a suprimir de un texto todo lo superfluo. He seguido y minutado decenas de ruedas de prensa de todo pelaje, el mejor entrenamiento para detectar el titular y la información relevante. Eduqué el ojo en París, capital del fotoperiodismo y con cada exposición aprendí a apreciar el insustituible valor narrativo de las imágenes, fijas o en movimiento. Y lo mejor: he “olido” las noticias trabajando durante décadas sobre el terreno. Lo sigo haciendo.

Ser “una señora” es un buen negocio para trabajar en las nuevas plataformas de información porque el ejercicio de traducir la información a otra narrativa es muy natural, casi instintiva. Contar es lo que llevamos haciendo desde que salimos de la facultad. Intentamos comprender cómo hacerlo en este ecosistema mucho más complejo. Porque no se trata sólo de contar: hay que escuchar. Esta es la segunda gran conclusión: bienvenidos a la era del diálogo entre el periodista y el lector, oyente, espectador.

Para este viaje sin final conocido hemos incorporado un par de maletas más: contienen analítica y tecnología. No estaban en mi guión pero sin ellas me perdería sin remedio el final de la película. Y no es plan ahora que hemos llegado hasta aquí.

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Cuando tu móvil es Chuck Norris y otros rasgos del guardián analógico

 

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Sí, tú también eres de los que saca orgulloso el Nokia de tapita e invita a la concurrencia: “Mirad, este es mi móvil”. No hay más que añadir: eres otro orgulloso guardián analógico. Y ya conoces las reacciones a tu gesto: es salir el cacharro de tu bolsillo y provocar un coro de risas y aclamaciones. Porque serás probablemente uno de los pocos que no se pelee en el barrio por un móvil de esos que tienen una pantalla de dimensiones parecidas a la de un cine de barrio. El tuyo, en cambio, sólo tiene el botón de encendido y apagado y la tecla con los numeritos pero, a diferencia de los coquetos modelos actuales, resistiría al holocausto nuclear.

Captura de pantalla 2016-05-02 a la(s) 10.24.25Veamos otras características del guardián analógico:

– El guardián analógico cree que el ocaso de la civilización occidental arranca cuando apareció Facebook.

– El guardián analógico conoce los rudimentos de Internet (“el Internet” según denominación autóctona) pero los usa sólo por imperativo profesional o de extrema necesidad (borrador de la declaración de la Renta)

– El guardián analógico pidió a su banco que le cambiaran el Kindle por el juego de sartenes como regalo por la aportación extra al plan de pensiones. Los libros son de papel, las noticias también.

–  El guardián analógico desconoce el concepto de Internet móvil lo que le hace fácilmente identificable:

  • Es el tipo que arrastra un carro del Mercadona de tres metros de altura porque eso de hacer la compra on line deshumaniza a la raza.
  • Es el turista al que rescata en burra el lechero del pueblo porque se ha perdido en coche buscando el hotelito rural y se le ha acabado la gasolina. (“¿A mí me van a decir unos de Google cómo tengo que llegar a los sitios?”)
  • Es el gorrón telefónico de la pandilla: “Paco, haz el favor, mándale un mensaje a mi mujer que llego a las 22 que ya sabes que no tengo datos en el móvil”

– El guardián analógico no reconoce como hecho cultural manifestación alguna realizada con ayuda de la tecnología o Internet. Es más, no reconoce Internet como una vía de aprendizaje u ocio más. A saber:

  • Los jóvenes de hoy son unos descerebrados incultos.
  • Los “youtubers”, unos drogadictos de los videojuegos.
  • Los medios digitales sólo sacan culos y gatitos.
  • “¿Una webserie? ¿Eso es porno de pago?”

– El guardián analógico suele atravesar crisis existenciales provocadas por la fuerte presión exterior. Si las supera, morirá con el móvil piedra. Si acepta el nuevo modelo como regalito de Reyes y le coge el gustillo, disfrutará algunos meses en silencio por aquello de la dignidad. Una vez pasada esta fase, el entorno sufrirá los excesos del converso: tabarras interminables sobre funcionalidades y aplicaciones, selfies a discreción y la búsqueda eterna del Santo Grial: el bar con wifi.

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El postureo digital y otras realidades del periodismo que aprendí en el Congreso de Periodismo de Huesca

  1. El postureo digital será, en breve, epidemia entre los periodistas.
  2. La zona de confort ha muerto.
  3. Cásate con un desarrollador si aún es posible.
  4. Asume que no te dará la vida para conocer todas las redes sociales que necesitarías dominar.
  5. ­­­ Elige bando: o no mueves un músculo de la cara cuando te citen en inglés herramientas de monitorización o preguntas “¿y es eso qué es?” aún a riesgo de ser aislado por el círculo de los virtuosos.
  6. ¿Adolescentes a la vista? Sobórnalos de la forma más indecente para que te enseñen qué redes sociales tienen en el móvil y cómo las usan para hablar, ligar o jugar.
  7.  Cada periodista tiene su ritmo de adaptación al cambio, si es que se produce. Zarandear a las redacciones es el peor negocio para un gran medio; el mejor: formación, diálogo y acompañamiento.
  8. Mete en tu saco humildad y saca la soberbia.
  9. Si hubo un momento en la historia del periodismo en el que tu futuro depende de la capacidad y disposición a compartir conocimientos, es éste
  10. Es el momento de desempolvar el viejo sueño del hotelito rural… a menos que, por amor al periodismo (y a tu nómina, si la tienes) estés dispuesto a vivir un proceso de cambio permanente.
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