Bin Laden, Twitter y el amigo de Blas.

Está feo decir lo que viene cuando el cuerpo de Bin Laden aún no ha tocado fondo marino pero hace tres días lloré de risa en un tren mirando una foto suya. La incluye Henry Jenkins en su esencial “Convergence culture”, un ensayo sobre cómo la información y los soportes se entrelazan en este mundo globalizado. Fue una sugerencia del gran Mario Tascón que le agradecí desde la primera página. La foto encabeza este texto. Osama “posa” con agrado pero la cara de Blas reproduce una expresión que hemos visto a las folclóricas sorprendidas por un paparazzi cuando bajan en chándal a echar la primitiva.

El libro de Jenkins narra cómo Bin Laden y Blas, de Barrio Sésamo acabaron siendo pareja artística en manifestaciones antiamericanas de todo Oriente Medio gracias a la pericia con el Photoshop de un estudiante de secundaria estadounidense. En el otoño de 2001 Dino Ignacio tuvo la ocurrencia de componer un collage con la fotos de Bin Laden y de Blas y subirlo a Internet. Poco después, a miles de kilómetros de allí, un editor blangladeshí descargó el collage y lo imprimió. El amigo de Epi recorrió mucho mundo a bordo de las pancartas mientras sus creadores amenazaban con emprender acciones legales. Acciones legales, sí, pero….¿contra quién?

La globalización tiene estas cosas. Otra está ocurriendo en estos momentos: Twitter ha tomado el relevo de los breaking news y la información sobre la operación estadounidense en Pakistán y sus consecuencias circula en todas direcciones a velocidades de vértigo. La demanda, la exigencia diría yo, de nuevos datos contrastados y veraces va in crescendo. Los bulos y montajes (véase foto del terrorista fallecido) se montan y desmontan en cuestión de horas. Y con este panorama hemos creado un sólido medio de presión civil hacia los gobiernos. Ya no son sólo los estadounidenses, sino ciudadanos de todo el mundo los que hoy reclaman honestidad y transparencia a la administración Obama a la hora de gestionar la información sobre la muerte de Bin Laden.

El mundo es, quizás hoy, un poco más libre. Y no por la muerte de un hombre.

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