Una fotografía en París y una carta para Edu.

FullSizeRender(1)Querido Edu:

Descubro tu post al aterrizar en Madrid, después de unos días intensos en París cubriendo una manifestación que no olvidaré nunca. He dedicado el vuelo a leer la edición especial que Le Monde ha publicado hoy. Es un cuadernillo muy trabajado cuyas páginas centrales están ocupadas por una sólo foto, una magnífica y emocionante vista en altura de la plaza de la República durante la manifestación. La firma Kenzo Trebouillard de la agencia France Presse. Me he preguntado cuántos periódicos en España se hubieran atrevido a hacer algo parecido. Además, vuelvo de París con la penilla de haberme quedado en las puertas del Hotel de Ville (Ayuntamiento) que tiene programada hasta marzo una exposición de trabajos de la Agencia Magnum. Me han explicado que hoy, por motivos de seguridad, estaba cerrada; mañana volverán a abrir.

Viví en París diez años al lado del hotel de Sully, un centro de exposiciones dedicado sólo a la fotografía: allí descubrí a los artistas de Magnum, a Jacques Lartigue, Gilles Caron, Weegee o Brassaï. Años después, en Madrid, compré un estupendo libro de Brassaï en el Vips de Princesa con el que me entretuve durante una espera larga en Moncloa mientras  Ibarretxe y Zapatero hablaban del plan soberanista del Lehendakari. Ese libro fue la excusa para una conversación con un fotoperiodista con el que, diez años después, sigo compartiendo exposiciones y charlas sobre fotoperiodismo (además de otras cosas).

La fotografía es parte de mi vida y, por esa razón, me ha sorprendido que pudieras interpretar ese punto del decálogo de prejuicios sobre el periodismo que viene (“la fotografía, para los fotógrafos”) como una llamada a la extinción de una profesión ahora más esencial que nunca. Se trata más bien de lo contrario.

Durante años los “plumillas” han vivido desligados de la parte gráfica de las informaciones, como si la fotografía no formara parte de las noticias que cubrían. ¿Cuántas veces hemos visto a nuestros colegas de la prensa escrita llamar precipitadamente a la redacción (“Que venga el fotógrafo”) porque se habían dado cuenta de que lo que estaba sucediendo merecía una cobertura gráfica? Yo reivindico el valor de la imagen como soporte esencial en los medios. Decidir qué coberturas merecen un tratamiento gráfico no puede quedar limitado a una reunión de previsiones sino a una reflexión colectiva.

Creo, sencillamente, que todos, periodistas, fotógrafos, responsables de área, debemos, en la época de los medios digitales, hacer continuamente ejercicios de gimnasia narrativa, es decir, preguntarnos ante cada previsión, cada cobertura, qué narrativa es la mejor para esa noticia: un texto, una fotogalería, un directo de televisión, una entrevista…

Algo así estuvimos ensayando durante algún tiempo en un proyecto de medio digital, Terra y fue muy interesante: existía un enorme caudal de fotografías (cinco agencias) y nos entrenamos en contar noticias a través de fotogalerías con apoyos de textos muy cuidados; cubrimos manifestaciones con streaming de vídeo y haciendo fotografías con nuestros teléfonos móviles para alimentar nuestros “minuto a minuto”. El gran Gabriel Pecot se unió a nosotros para las coberturas importantes y sus fotografías aportaban un plus de excelencia. Todo, bajo el ojo experto de Jon Barandica. Un medio digital con un editor gráfico, esa fue nuestra apuesta.

Por supuesto, Edu, que una cámara no hace a un fotógrafo, pero los teléfonos móviles nos ofrecen a todos una oportunidad impagable de captar un momento noticioso. ¿Por qué un periodista no va a usar su móvil para recoger pancartas de la manifestación de París o captar a un imputado que abandona apresuradamente la Audiencia Nacional? Esa foto podrá alimentar una cuenta en Twitter o actualizar la noticia en la web pero nunca sustituir el trabajo de un fotógrafo profesional, que será el que abra la portada de papel o la web. Esos trabajos con peso que permanecerán en nuestra memoria. Como la foto de Kenzo Trebouillard en Le Monde y otras tantas que vienen de París estos últimos días. Como tus propias fotos, o las de Emilio, Jose, Gorka, Carlos…

Un beso grande

Carmela.

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