Le Monde, París…y Antonio David

Permítanme una pequeña confesión: dos de los personajes que marcaron mi existencia durante los años en que ocupé una corresponsalía en París fueron Raquel Mosquera, hoy viuda de Carrasco y Antonio David Flores, hoy ex marido de Rociíto Carrasco. A ambos les conocí gracias a ese monumento de la prensa de sociedad que es la revista ¡Hola!. Empecé a comprarla cuando estaba en la facultad. Siempre los viernes, tras la dura semana de estudios. Qué gran placer, abrir la revista y sentir como mis neuronas se mecían acariciadas por la suave brisa que soplaba en las casas de los millonarios que posaban en la revista. Una verdadera escoba mental.

La adicción al ¡Hola! me siguió hasta París, pero mantener la tradición de los viernes exigió dedicación de militante. Localicé los escasos kioscos que vendían la publicación, de los cuales sólo uno, cerca del Hotel Lutétia, solía traerla los viernes por la tarde. El viaje siempre mereció la pena, así como el presupuesto destinado al rito. Teniendo en cuenta que el ¡Hola! valía en París casi tres veces lo que en España, podría ser ahora propietaria de un apartamento frente al Sena, pero creo que dicha inversión no me hubiera procurado ni la cuarta parte del placer que sentí recorriendo las páginas de mis revistas.

Defender el ¡Hola! ante el colectivo de corresponsales españoles no fue siempre fácil. Sufrí un incensante y cariñoso choteo de algunos colegas cuando, de visita a casa, veían el Hola convivir sin rubor con ejemplares de Le Monde Diplomatique, L’Express o Libération encima de la mesa. Y fue en ese contexto en el que conocí a Raquel Mosquera y Antonio David. Raquel me conquistó tras una formidable exclusiva en la que posaba junto a Pedro Carrasco en un hotel de Marbella. Ambos sonreían en la terraza de la habitación, frente a una mesa de desayuno que hubiera acabado con el hambre en África. Y lo mejor de todos: los dos albornoces inmaculados con los que se vistieron para la exclusiva. Desde entonces sueño recurrentemente con albornoces blancos.

Antonio David me fascinó desde el principio. Mejor dicho, fascinó a mis amigos franceses que veían en el novio de Rociíto a un personaje de Merimée. Agente de la Guardia Civil, en amores con la hija de una folclórica, un pícaro pillado en falta por intentar sisar unos euros a unos pobres turistas. Todavía no entienden cómo la vida de Antonio David no ha sido llevada al cine, con Javier Bardem en el papel protagonista.

Ahora ni Raquel Mosquera ni Antonio David me divierten tanto. Casi diría que no me divierten nada. Prefería aquel tiempo en que los personajes del corazón conservaban cierta magia bajo las cuidadas fotos del papel couché. Ahora son demasiado reales y están por todas partes. Ofrecen exclusivas o participan como seudoperiodistas en los programas de televisión. Y hablan, dejando al descubierto todas sus miserias y sus ansias de dinero fácil. Los personajes del corazón han desbordado su hábitat natural y se han extendido como una plaga por todos lados.

Hace poco supe que Antonio David, además, había solicitado su ingreso en la Asociación de la Prensa de Madrid. Pretende beneficiarse del seguro médico de los periodistas, alegando suficientes años de experiencia en programas de televisión como para ser considerado profesional. Siento que me están devorando mis propios hijos.

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2 respuestas a Le Monde, París…y Antonio David

  1. Eskabol dijo:

    Enhorabuena, Carmela!

    ¡Qué gran síntesis! Antes leíamos o repasábamos las revistas de papel couché para soñar. Ahora los personajes con los que soñábamos nos salen por las orejas.

    Qué gran post. 🙂

  2. @Fsanro dijo:

    La crónica social es un género muy digno a mi juicio… Todo depende del enfoque. Lo cierto es que a día de hoy la mayoría de los programas del corazón son pura basura, pero yo creo que hay buenas publicaciones (Hola, quizá una de ellas) que permiten que veamos esoso “modelos” sociales tan necesarios por mucho que nos pese.

    Igual que los niños aprenden por imitación, nosotros también necesitamos referentes en los que mirarnos.

    Además supongo que estando en París, algo tan español como estos personajes tan cotidianos, es algo que se agradece.

    La verdad es que después de leer el post me apetece mucho comprala (Siempre anda por mi casa, pero suelo sólo mirar las fotos). El próximo número lo devoraré.

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