#Sinfuturo, las piernas de Naomi y dos millones de piernas más.

Tengo dos recuerdos imborrables de mi primer mes como corresponsal en París. El primero se generó en el Hotel Ritz de París. Durante la Semana de la Moda  suelen cubrir la glamurosa piscina del hotel con una pasarela para que puedan celebrarse allí algunos de los desfiles más esperado. A mí me tocó cubrir el de Gianni Versace. Me sentí como doña Rogelia, rodeada de famosos internacionales, fotógrafos de prensa, temidas editoras, es decir,  inmersa en un mundo, que sólo conocía por las revistas y la televisión. Pero la vida de corresponsal tiene estas cosas, uno debe saber faenar en todas las plazas, sean citas electorales, partidos de fútbol o desfiles de moda. Así que minutos antes del desfile me hice fuerte en una columna junto a la pasarela, dispuesta a no perder los detalles que harían de mi crónica de televisión algo decente.

Les confieso que me quedé sin habla cuando se apagaron las luces y surgió en el horizonte el ¡Hola! hecho carne. Linda Evangelista, Carla Bruni, Claudia Schiffer con maravillosos vestidos avanzan en la pasarela frente a mis gafas. Versace dejó para Naomi Campbell una sugerente creación y unos zapatos de tacón vertiginoso irrumpió en el escenario ante los aplausos del personal. Las piernas de aquella mujer vistas en vivo y en directo no parecen de este mundo.

Tampoco me pareció muy normal que un millón de personas se manifestara en París por una idea. Eso sucedió una semana después de aquel desfile. Y todo porque al gobierno de entonces se le ocurrió promulgar una ley que contemplaba la financiación de colegios privados con fondos públicos. Los franceses percibieron aquello como un ataque al concepto de la escuela pública, laica y gratuita. Y se echaron a la calle. Y la doña Rogelia que habitaba en mí volvió a manifestarse. “¿Pero aquí nadie pide dinero”?, preguntaba yo a mis colegas. Pues no, nadie pedía dinero. La realidad era que cientos de miles de personas habían reservado la tarde de aquel sábado para recordar a su gobierno cuáles eran los principios que convenía no remover.

En Francia existe una verdadera cultura de la protesta en la calle, un signo de gran madurez democrática. Algo así percibí el pasado jueves en la manifestación de los Jóvenes Sin Futuro que se celebró en Madrid. Una marcha de varios miles de estudiantes, salpicada de pancartas ocurrentes y alarmantes. Los jóvenes están gritando que no se conforman con  esta sociedad que les condena a vivir a los 30 como adolescentes retardados. Quieren ser parte activa y reclaman un cambio de modelo social y económico.

Este es el punto de partida de un movimiento que en otras naciones de nuestro entorno habría eclosionado mucho antes. “Juventud sin Futuro”, ha convocado una manifestación nacional el próximo 15 de mayo.

Creer y trabajar por lo que se cree. ¿No es eso lo que debemos enseñar a nuestros hijos?

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