Una mirada en la Audiencia Nacional. La historia de un gesto

La mujer que aparece en la foto es Adoración Zubeldia. A su marido se lo arrebató una bomba lapa el 14 de julio de 2001. La colocó, presuntamente, ETA en los bajos de la furgoneta que José Javier Múgica, concejal de UPN en Leiza, aparcaba frente a su casa. El día que todo aquello sucedió Adoración estaba en el domicilio familiar, salió al balcón y vio como la furgoneta ardía con su marido dentro.

Hoy, 4 de noviembre de 2011, más de diez años después, Adoración ha mirado frente a frente, durante cinco segundos a los cuatro hombres que presuntamente se llevaron a su marido para siempre. Uno de ellos, ordenó su muerte, los otros tres prepararon el atentado y colocaron la bomba.

Era lo que ella quería, mirarles a los ojos. Se lo decía a su hija hace dos días en el interior de la sala de vistas de la Audiencia Nacional. Yo estaba sentada en la fila de asientos de los periodistas, justo delante de Adoración. La escuché. Aquel día Adoración declaró por primera vez ante el tribunal. Estaba separada de los acusados por una mampara y ni en sus breves trayectos en la sala ni al final de la vista pudo cruzar una mirada con esos hombres, como ella quería.  Poco después la ví alejarse frustrada y arropada por los suyos.

Fue entonces cuando las grabacionesdel juicio revelaron una salida de tono de la presidenta del Tribunal, Angela Murillo. Un comentario a micrófono abierto “¡Pobre mujer, encima se ríen los  cabrones!” comentaba a sus compañeros de tribunal. Ayer la jueza Murillo optó por retirarse con el fin de evitar que el juicio fuera anulado en el Tribunal Supremo por falta de imparcialidad.

El juicio ha tenido que ser repetido hoy. Y Adoración Zubeldia ha tenido que declarar, de nuevo, como testigo.

Esta vez no ha desaprovechado su oportunidad. Ha declinado la invitación para comparecer a través de vídeoconferencia. Se ha plantado en la Audiencia Nacional y, ya dentro de la sala, no ha querido la mampara que podría separarla físicamente de los acusados. Hoy ha vuelto a llorar ante el tribunal rememorando la muerte de su marido. Y en un acto de inmenso amor hacia él, al terminar su declaración, se ha levantado y girado su pequeño cuerpo hasta situarse frente a los cuatro hombres que, presuntamente, le robaron a su compañero. Les ha mirado fijamente. Como ella quería.

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