Historias del vespertino Limón

IMG_5700Cuando eres corresponsal en Francia, hay que cumplir el ritual: a la hora de comer es obligatorio dejarse caer por el kiosko para comprar la biblia del periodista extranjero, es decir, el diario Le Monde, que en 2014 cumple 70 años.

Confieso que, durante los primeros meses en París le tenía respeto, casi miedo. Tenía que zambullirme entre artículos y editoriales en un francés muy rudimentario que no daba para apreciar los matices y las ironías de los cuidados textos de sus periodistas. A veces, directamente, no me enteraba de lo que estaba leyendo. En un par de ocasiones, incluso, me quedé dormida encima del periódico: el esfuerzo era demasiado importante para la hora de la digestión.

A fuerza de insistir empecé a disfrutarlo: las viñetas de su gran dibujante Plantu eran lecciones magistrales, las crónicas políticas contenían disecciones casi psicológicas de los presidentes, los ministros, los miembros de la oposición. Los grandes reportajes eran lecciones de periodismo y puertas al mundo para aquella becaria (más) catetilla y entusiasmada que era en aquellos años.

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Total, que acabé adoptando a Le Monde como parte de mi vida. Saboreaba diariamente el momento de acercarme a comprarlo, otear desde lejos el expositor, tener en las manos el ejemplar, Captura de pantalla 2014-10-14 a la(s) 08.55.18repasar rápidamente los temas de portada y buscar el pequeño ratón que Plantu suele insertar en cada viñeta.

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Con un ejemplar de Le Monde bajo el brazo a modo de atrezzo, intenté un día grabar una intervención a cámara sobre unos resultados electorales para el informativo de la noche de Antena 3 TV. Estaba cansada después de 15 días de trabajo ininterrumpido. Intenté concentrarme, miré al objetivo y de mi boca salió: “Como resalta hoy el vespertino Limón…” Captura de pantalla 2014-10-15 a la(s) 20.17.15

Jesús, mi compañero de trabajo en París, debe estar riéndose todavía de aquel lapsus, muy celebrado entre mis colegas. Nos gustó el apelativo y no hemos dejado de utilizarlo.

Muchas felicidades para el gran vespertino Limón-Le Monde al que ya no leo en papel sino en la versión PDF que llega al Ipad cada día. Y con la misma emoción al descubrir la portada.

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