Libia y el drama en las fronteras. Una mirada

Para Gadaffi son traidores;  para Túnez un quebradero de cabeza; para Europa, una amenaza. Los refugiados. Reportaje del fotógrafo Gorka Lejarcegi, enviado especial del diario El País.

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En caso de duda, hacer periodismo

Les presento uno de mis libros de cabecera. Es el relato autobiográfico de Ben Bradlee, director emblemático del Washington Post desde cuyo puesto impulsó y defendió la investigación del caso Watergate. Hoy tiene casi cerca de 90 años y es uno de los activos de la compañía.

La biografía de Bradlee fue traducida en España como «La vida de un periodista». No es mal título porque responde a lo que uno descubre tras retirar la portada pero me gusta mucho más su denominación original: «Newspapering and other adventures», es decir algo así como «periodiqueando y otras aventuras». Bradlee me sedujo porque con su socarronería y humanidad se coloca a kilómetros luz del periodismo con pose intelectual del que soy poco simpatizante. La  humildad es un ejercicio obligatorio, lo supe desde que escuché a Nuria Espert referirse a una ocasión en la que, decía textualmente, «estábamos en mi casa un grupo de intelectuales y artistas». Me sonrojo con solo escribirlo.

En fin, Bradlee posiblemente será un intelectual y un artista pero jamás osaría referirse a sí mismo en semejantes términos. «Soy demasiado tonto para ser infeliz.», declaró al periodista Juan Cruz en una entrevista publicada por el diario El País. Ese es mi hombre. Ben, además, vivió en París, donde fue corresponsal para Newsweek. Cubrió la guerra de Argelia, se casó tres veces, dirigió con maestría un periódico y todavía, a sus 90 años, le queda fuelle para entusiamarse con un Ipad y prestar su imagen para promocionar la aplicación para la tableta que ha diseñado el Washington Post.

Todo esto para recomendar que lean este libro, especialmente si es periodista, le gustaría o estudia para serlo. En estos días en los que los contornos del periodismo se desdibujan en arenas movedizas, leer a Bradlee es como mirar el GPS. Nos devuelve a la ruta correcta.

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La suerte de la fea….

...Y el dicho es también aplicable a las revoluciones de este invierno en el mundo árabe. La de Egipto fue una revolución bonita. Un movimiento esperanzador y pacífico en un país apreciado en Occidente. Adoptamos Tahrir, que es desde entonces la plaza que habita en nuestros corazones, las televisiones nos mostraron cada día miles de imágenes que no olvidaremos: ancianas veladas manifestándose como adolescentes, soldados con bebés, los muros del Museo de El Cairo. Hasta los días tensos con episodios violencia tuvieron su poquito de glamour: los enviados especiales nos contaban que la seguridad de la prensa internacional dependió por horas de una trinchera montada frente al Hotel Hilton. ¿Cómo no desear estar allí? El final no desmereció: Mubarak recogió sus bártulos y se fue a la costa. Ahora todos nos sentimos un poco contribuyentes de esa libertad que los egipcios estrenan con tantas cautelas.

¿Y quién desea sin embargo cubrir la revolución en Libia? Hoy, tras la brutal represión ejercida por soldados leales a Gadaffi y mercenarios a sueldo, estamos sobrecogidos. Es un drama… imaginado.  Escasean los vídeos  y es difícil confirmar cada dato. Libia nos parece lejano y sin embargo, necesita a la prensa tanto o más que Egipto. Gadaffi combate a los periodistas internacionales como a la peste pero no ha podido controlar las redes sociales.Twitter, una vez más, es la ventana que nos acerca a lo que no vemos pero intuimos. Libia existe porque lo estamos contando. Y los episodios centrales de la caída de Gadaffi los vamos a vivir, lo estamos viviendo en Twitter. Permítanme una pequeña confesión: hoy me he emocionado en 140 caracteres, «Centenares de soldados asesinados en Bengasi tras negarse a disparar. Fosa común».

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El futuro de la prensa y la orquesta del Titanic.

Les confieso que no paso por mis mejores momentos. Hace dos meses echaron el cierre a CNN+, un oasis de buen periodismo sobre el que acabaron edificando porque resultaba, a todas luces, más rentable…Fue un duro golpe para todos, espectadores y periodistas. Y lo que resulta más descorazonador, para los estudiantes de periodismo. Lo de firmar un reportaje o una conexión en directo con coletilla «Fulanito de Tal, CNN+», constituía una aspiración para muchos aprendices del oficio. Algunos me lo contaron personalmente. Ahora ellos ya no podrán cumplir su sueño y yo tendré una batallita más que contar a mis nietos, porque, yo sí, firmé con coletilla once años de mi vida.

El cierre de CNN+ llega en el peor año para el periodismo en España. Raro es el medio que no ha sufrido, sino el fin definitivo de sus actividades, un expediente de regulación de Empleo, un goteo de despidos, o un plan de bajas incentivadas, de esos que dejan en la calle a un montón de profesionales en lo mejor de sus carreras. Digamos que estos son los tiempos en los que los periodistas nos hemos acostumbrado, como otros sectores, a trabajar sobre un suelo que se mueve bajo nuestros pies. No sabemos si es el metro que pasa o si ha empezado el naufragio. Eso sí, seguimos trabajando con el mismo entusiasmo que los músicos de la orquesta del Titanic animaban el cotarro con alegres melodías, mientras el personal se lanzaba al agua o a los botes salvavidas.

Hablando del Titanic he de recomendarles que, a pesar del heróico final de la orquesta, adopten al panadero del barco como modelo a seguir. El panadero del Titanic se llamaba Charles Joughin y era de Liverpool. Tras saber que el impacto con el iceberg había resultado letal para el barco, subió a cubierta y se dedicó a lanzar al agua las sillas y las hamacas para que los que habían caído al océano tuvieran donde aferrarse. Tras esa accción útil y valiente el panadero se agarró una cogorza de ginebra de proporciones bíblicas. Tan bíblicas que se produjo el milagro: el alcohol en el cuerpo de Charles operó como anticongelante, así que, una vez en el agua, resistió hasta que vinieron a rescatarle aquel 15 de abril de 1912. A los que se hayan encariñado con el personaje les contaré que la experiencia del Titanic no fue suficiente para robarle las ganas de navegar. Siguió haciéndolo y sobrevivió incluso al naufragio de otro barco, el Oregon. Acabó sus días en New Jersey. Corría 1956. Para entonces había perdido a su esposa. Dejó una hija y una nieta.

Digo yo que si Charles Joughin sobrevivió a dos naufragios, los periodistas podemos sobrevivir a esta crisis.

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Egipto, mujeres y una revolución

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Leil-Zahra Mortada vive en Barcelona. Desde su página de Facebook ha ofrecido una de las caras más emocionantes de la revuelta en Egipto. Son las mujeres: jóvenes, madres de familia, universitarias, abuelas. Ilusionadas, involucradas, entusiastas, enérgicas en su protesta. Con … Seguir leyendo

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Francisco Camps y el campo de minas.

Leo en el Diario Levante que el presidente valenciano, Francisco Camps, celebró anoche en Sevilla una cena con 300 personas, en su mayoría miembros de su propia delegación. Por fin había cosas que celebrar. El sábado por la mañana, y tras meses de silencio impuesto por el avance judicial del caso Gurtel, el presidente valenciano volvió a la escena pública. Habló (de sanidad)  en la Convención Nacional y fue ovacionado. Eso sí, ningún barón destacado del partido estaba en la sala cuando intervino.

Camps espera una inminente proclamación oficial de su candidatura a la presidencia del Consell. Las encuestas le son más que favorables pero no así la trayectoria de las causas relacionadas con el caso Gurtel. El caso está vivo y hace de Camps el eslabón débil de la cadena que el Partido Popular está trenzando hasta la victoria en las municipales de mayo.

Judicialmente Camps y, sobre todo, Rajoy, deben estar preparados para un doble disgusto. El juez valenciano que instruye la causa de los trajes,  José Flors tiene, a priori, todos los elementos que necesita para dictar auto de apertura de juicio oral y decidir si Camps incurrió en cohecho al aceptar trajes de la trama Gurtel por valor de 12.000 euros. Ello convertiría a Camps en un candidato a punto de ser juzgado: no es el mejor titular para aderezar la campaña de las municipales.

El tema de los trajes puede resultar casi anecdótico si el Tribunal Superior de Justicia de Valencia reacciona y abre causa aparte ante la avalancha de informes y datos que apuntan a una presunta financiación ilegal del PP valenciano. El sumario del Gurtel, que ya es accesible en su totalidad, describe con claridad, por ejemplo, cómo empresas valencianas como Sedesa, Lubasa u Ortiz e Hijos, pagaron facturas del partido por eventos y actos que fueron organizados en su gran mayoría por el equipo de Orange Market, con «El Bigotes», Álvaro Pérez a la cabeza. Un personaje extraordinario al que dedicaré un post en exclusiva próximamente.

Pero hay más sobre financiación ilegal del PP valenciano. Se trata de datos recientes, algunos no han sido aportados aún al sumario pero van en la misma dirección y pueden afectar a nombres destacados del gobierno valenciano.

Es decir, que la justicia va a seguir marcando los tiempos a Camps, para quien abordar la campaña electoral este año puede resultar una experiencia comparable a una marcha triunfal sobre un campo de minas.

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Le Monde, París…y Antonio David

Permítanme una pequeña confesión: dos de los personajes que marcaron mi existencia durante los años en que ocupé una corresponsalía en París fueron Raquel Mosquera, hoy viuda de Carrasco y Antonio David Flores, hoy ex marido de Rociíto Carrasco. A ambos les conocí gracias a ese monumento de la prensa de sociedad que es la revista ¡Hola!. Empecé a comprarla cuando estaba en la facultad. Siempre los viernes, tras la dura semana de estudios. Qué gran placer, abrir la revista y sentir como mis neuronas se mecían acariciadas por la suave brisa que soplaba en las casas de los millonarios que posaban en la revista. Una verdadera escoba mental.

La adicción al ¡Hola! me siguió hasta París, pero mantener la tradición de los viernes exigió dedicación de militante. Localicé los escasos kioscos que vendían la publicación, de los cuales sólo uno, cerca del Hotel Lutétia, solía traerla los viernes por la tarde. El viaje siempre mereció la pena, así como el presupuesto destinado al rito. Teniendo en cuenta que el ¡Hola! valía en París casi tres veces lo que en España, podría ser ahora propietaria de un apartamento frente al Sena, pero creo que dicha inversión no me hubiera procurado ni la cuarta parte del placer que sentí recorriendo las páginas de mis revistas.

Defender el ¡Hola! ante el colectivo de corresponsales españoles no fue siempre fácil. Sufrí un incensante y cariñoso choteo de algunos colegas cuando, de visita a casa, veían el Hola convivir sin rubor con ejemplares de Le Monde Diplomatique, L’Express o Libération encima de la mesa. Y fue en ese contexto en el que conocí a Raquel Mosquera y Antonio David. Raquel me conquistó tras una formidable exclusiva en la que posaba junto a Pedro Carrasco en un hotel de Marbella. Ambos sonreían en la terraza de la habitación, frente a una mesa de desayuno que hubiera acabado con el hambre en África. Y lo mejor de todos: los dos albornoces inmaculados con los que se vistieron para la exclusiva. Desde entonces sueño recurrentemente con albornoces blancos.

Antonio David me fascinó desde el principio. Mejor dicho, fascinó a mis amigos franceses que veían en el novio de Rociíto a un personaje de Merimée. Agente de la Guardia Civil, en amores con la hija de una folclórica, un pícaro pillado en falta por intentar sisar unos euros a unos pobres turistas. Todavía no entienden cómo la vida de Antonio David no ha sido llevada al cine, con Javier Bardem en el papel protagonista.

Ahora ni Raquel Mosquera ni Antonio David me divierten tanto. Casi diría que no me divierten nada. Prefería aquel tiempo en que los personajes del corazón conservaban cierta magia bajo las cuidadas fotos del papel couché. Ahora son demasiado reales y están por todas partes. Ofrecen exclusivas o participan como seudoperiodistas en los programas de televisión. Y hablan, dejando al descubierto todas sus miserias y sus ansias de dinero fácil. Los personajes del corazón han desbordado su hábitat natural y se han extendido como una plaga por todos lados.

Hace poco supe que Antonio David, además, había solicitado su ingreso en la Asociación de la Prensa de Madrid. Pretende beneficiarse del seguro médico de los periodistas, alegando suficientes años de experiencia en programas de televisión como para ser considerado profesional. Siento que me están devorando mis propios hijos.

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Túnez y la historia de los plagios

No se lo van a creer: el presentador plagiador vuelve a las andadas. Cuatro entradas más abajo encontrarán la historia de este personaje peculiar («La televisión, esa máquina de humillar»). Les adelanto que tiene una vida apasionante. Y los últimos episodios no desmerecen. Les resumo: tras de ser acusado en Estados Unidos de copiar parráfos de un libro sobre Hemingway editado allí, el ultrafamoso periodista Patrick Poivre d’Arvor, (PPDA) se enfrenta ahora a una nueva demanda. Y quien le ataca ahora es una antigua novia. La pobre Agathe Borne descubrió horrorizada que su ex había usado cartas íntimas redactadas por ella para dar una mayor intensidad emocional a la obra. El perverso Patrick reproducía fragmentos tal y como fueron traídos a este mundo. Agathe está muy disgustada y pide 150.000 euros por plagio y violación de vida privada. Pobre Patrick, tanto años de implantes capilares y, ahora sí, se le va a caer el pelo.

Si hablamos de plagio hay otro que me gusta mucho más: el plagio del modelo democrático. Es lo que parece puede estar germinando en algunas naciones del mundo árabe después de que la Revolución de Jazmín (maravilloso nombre para una revolución) triunfara en Túnez. Las redes sociales en Marruecos y Argelia echan fuego. Muchos  usuarios de Twitter y Facebook han cambiados las fotos de sus perfiles por una bandera de Túnez. Es el homenaje a la valentía de un pueblo y la forma en que, desde Internet, recogen el testigo de lo que ahora también ellos consideran posible. El debate de ideas es abierto y se produce en todas las direcciones, dentro del país. También con internautas europeos. «Todo cambió cuando nos dimos cuentas que no estábamos solos», explicaba el fin de semana un joven tunecino en un reportaje del diario Le Monde.

La información fluye en Internet y esto preocupa a los gobiernos árabes que constatan que no es posible poner puertas al campo. Las ideas, los iconos y las imágenes de la revolución tunecina cruzan las puertas del país, abiertas de par. Y los políticos en el poder hacen lo de siempre: practicar una censura sobre los medios tradicionales, algo que ahora resulta casi conmovedor. En Argelia, por ejemplo, los informativos de la cadena nacional no eligieron los sucesos de Túnez como tema de portada. Y se aludió tangencialmente a la fuga de Ben Alí. Muchos espectadores recurrieron entonces a Al Jazeera, la cadena qatarí, que ofreció una cobertura especial. En Marruecos sucedió algo parecido :Las televisiones oficiales informaban comedidamente del triunfo de la revolucion tunecina mientras en Internet el entusiasmo era mucho más perceptible.

Un detalle para concluir: los servicios secretos franceses, citados por Le Monde, sospechan con fundamento que la señora de Ben Alí, Laila Trabelsi de soltera, sacó del Banco de Túnez una tonelada y media de oro en lingotes. ¿Cómo se transporta una tonelada y media de lingotes de oro? ¿En el bolso? Dado que los Ben Alí sufren en silencio en su palacete prestado de Yedah (Arabia Saudí), guardaré la cuestión en mi catálogo de enigmas sin resolver. Que son unos poquitos.

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Los nuevos tiempos de ETA: un texto esencial

Desde la declaración de alto el fuego realizada por ETA el pasado lunes, los analistas y expertos intenta cuantificar el grado de credibilidad de las intenciones de ETA así como las opciones de que Batasuna se desmarque de la organización y reniegue de la tutoría que ETA ejerce sobre la izquierda radical abertzale.

En el blog ya hemos comentado las incredulidad francesa en esta nueva época. Ayer sábado, sin ir más lejos, se halló un nuevo zulo de ETA, esta vez en el Departamento de Jura, en el centro de Francia, muy alejado de sus antiguas bases. Tras una primera inspección se han hallado armas y documentos en euskera. La presión policial de ese lado no tiene visos de disminuir.

Para viajar a las entrañas del problema, nada mejor que leer a José Luis Barbería, uno de los mejores periodistas en España. Sabe observar (y analizar) la cuestión desde los enfoques importantes,  interpreta y valora. Posee, además, una  prosa brillante. Su largo artículo de este domingo en El País es esencial para entender lo que está pasando. Un trabajo para tener siempre a mano.

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Alianza de civilizaciones…es esto.

Espero me acepten este pequeño regalo llegado de Bretaña. Se trata de una canción, fruto del mejor maridaje entre música celta y rap. La letra es evocadora: habla de la preparación para la batalla de una tribu celta, la tribu de Dana. Habla de pócimas mágicas, de druidas, del combate contra el invasor, de la muerte, de la devastación y del amor. Esta canción ya es parte de la memoria sonora de los franceses. Y de mi vida.

La Tribu de Dana. Manau.

 

 

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